....A horas de un nuevo Consejo nacional.
Los dilemas y desafíos del PPD a partir del 2026.
“Para que el PPD tenga sentido y futuro para existir, tiene que representar a las mayorías. Yo situó al PPD como una fuerza de izquierda en una alianza de centroizquierda”
Pregunta. El 24 de enero el PPD celebrará su primer consejo nacional tras la derrota electoral del catorce de diciembre. Sería fundamental que se alcancen acuerdos relevantes tanto para la militancia como para la ciudadanía. ¿Cuál es tu expectativa respecto de este nuevo consejo nacional?
FV. Aparte de los temas administrativos lo que yo espero es que haya un debate sobre por qué perdimos. Pero no un debate genérico, académico, sino que establecer la causa principal de la derrota. Y yo voy a plantear con números que apoyan que la causa principal de la derrota es que una parte del mundo popular que siempre hemos representado junto al resto de la izquierda se fue hacia la derecha.
Pregunta. Tras 38 años de existencia el PPD enfrenta el desafío de decidir si continuar con sus ideas, relatos, su organización y posicionamiento actuales o bien acuerda emprender un proceso de renovación profunda que sea notorio y convincente para el país y sus bases. A tu juicio y como un conocedor profundo del partido ¿Por dónde y de qué manera debería iniciar el PPD este proceso de definiciones? ¿Hay condiciones adecuadas para esto?
FV. No, el PPD está muy frágil desde el punto de vista de los contenidos, pero sí unasugerencia que podría ser interesante es precisar ¿a quién queremos representar? Y en mi opinión eso sería concursando con las otras izquierdas en quién representa mejor el interés concreto de la gente. En mi opinión creo que el PPD debe caminar a ordenarse para representar, por ejemplo, al 80% de las familias que viven con menos de un millón de pesos. Por ejemplo, representar a los cinco millones de hombres y mujeres que trabajan y que tienen un ingreso igual o inferior a 611 mil pesos. Representar al 80% de los chilenos que están en FONASA. Representar al 91% de la matrícula que recibe financiamiento estatal priorizando la educación pública a través de lo municipal y de los SLEP. Debiéramos representar al medio millón de familias que no tienen vivienda. Si uno logra eso, le da un sentido a la política. Ahora, esto no es patrimonio nuestro. Vamos a tener que competir con las ideas y propuestas con respecto a las otras dos izquierdas: la izquierda tradicional, con el Partido Comunista y la izquierda nueva, con el Frente Amplio.
Para que el PPD le dé sentido a su existencia y proyección tiene que representar a las mayorías. Y las mayorías están en los temas que coloqué de ejemplo. Ahora, también es importante que prevalezca la lucha por las identidades del PPD. El tema de los pueblos originarios, el tema de género, el tema territorial, la descentralización. Todo eso y más tiene que mantener el PPD como siempre y recrear. Pero lo nuevo es precisar muy bien en lo económico y social a quién queremos representar.
Pregunta. En los 35 años de democracia post dictadura, los partidos progresistas gobernaron 28 veces con seis gobiernos. Lo que constituye un proceso virtuoso. Sin embargo, resulta relevante cuestionar por qué la concertación y luego la nueva mayoría perdieron el poder ante la derecha con Piñera en dos ocasiones y ahora frente a un presidente electo aún más conservador. ¿Qué se ha hecho mal en la izquierda y en el centro izquierda? ¿El PPD en su estado actual podría ser apuntado también como uno de los responsables de estos fracasos?
FV. Bueno, el PPD está en el gobierno desde el presidente Aylwin. En los 28 años ha estado en el gobierno, a través de ministros, subsecretarios, jefes de servicio, asesores… Entonces tiene que hacerse cargo de los avances y también de los pendientes. Yo diría que esos 28 años se caracterizan por tres elementos que son contradictorios, pero son los hechos. Primero, muy propio de una fuerza de izquierda, estar satisfechos de haber reducido la pobreza tomando en consideración los datos de la encuesta Cassen. La primera encuesta Cassen es de Pinochet, de 1987 y cuando se aplicó la primera encuesta se estableció que el 45 por ciento de los chilenos vivían bajo la línea de la pobreza. Cuando Pinochet le entregó la banda presidencial a Aylwin, ese número se había reducido a 38,6.
Y la última vez que se midió de esa forma es hace tres semanas con un 4,9. Ahora, bajó tanto que el propio presidente dijo que esto está demasiado fácil y colocó niveles mayores de exigencia, pero el principal triunfo del PPD y la concertación y la nueva mayoría fue la reducción de la pobreza. Lo segundo, acompañando a lo anterior, es que en el periodo 90, los 28 años, el país creció económicamente como nunca en su historia, y esto es un dato de mucha relevancia.
Pero lo que nos llevó a la derrota en general, y esto sigue siendo una deuda, es el tema de la desigualdad. Porque no obstante el crecimiento y no obstante la disminución de la pobreza, las brechas, si bien se han mejorado un poquitito, siguen castigando a los ciudadanos. Por ejemplo, después de 28 años en el gobierno, la prueba PAES nos dice que los colegios públicos lograron 580 puntos, y que los financiados por el Estado, los subvencionados, obtuvieron 618 y los particulares pagados 746. Esto significa que, desde el punto de vista de una política de izquierda en materia educacional, y no obstante todo lo que se ha hecho, no logramos revertir que en Chile el destino de un ciudadano depende del ingreso, que el destino educacional y el futuro laboral del ciudadano, depende del nivel socioeconómico de su familia.
Entonces, éstos son temas pendientes. Todos los números e indicadores de desigualdad y de concentración del ingreso te dicen que en esa mirada la deuda es probable. Ya tuvimos dos antecedentes de distinto tipo. En 1996 Tomás Moulián escribió un libro, “Anatomía de un mito” y fue el primero en encender la luz roja, de que algo nos faltaba.
El período 1995-1999 es el gobierno de Frei Ruiz-Tagle. El país creció en promedio 5 o 6% promedio anual, espectacular. Sin embargo, Moulián coloca el tema. Dos años después, el informe del PNUD del año 1998 dice: “Momentito muchachos. Esto no está bien, hay crecimiento, disminución de la pobreza, pero la desigualdad está presente”. Después, en el 2005 sufrimos nuestra primera derrota electoral presidencial. En realidad, fuimos derrotados por nuestros propios pendientes de la izquierda y no necesariamente desde la derecha solamente.
Frei Ruz-Tagle, nuestro candidato, obtuvo el 29%, Meo (del PRO) el 20%, Arrate el 6%. Esa fue la primera señal de que no le estábamos hablando con nuestras políticas a la mayoría. Incluso, hubo un antecedente en el año 1997: en la elección parlamentaria, perdimos un millón y medio de votos y suma y sigue. El año 1997, de esos votos, en vez de irse por la derecha, se quedaron en la casa. Todos esos antecedentes van demostrando en el tiempo que el tema que nos quedó pendiente, que es estructural, es el tema de la desigualdad.
Pregunta. Durante las campañas presidenciales recientes del 2025, con figuras como Tohá y Jeannette Jara, cobró fuerza el discurso socialdemócrata. No obstante, voces como la de Ernesto Otone han advertido que este concepto podría estar usándose solo como una máscara, sin ser asumido plenamente. El PPD, a pesar de tener ideas afines, nunca ha declarado en sus principios ser un partido socialdemócrata. En su consejo ideológico del 2018 se autoproclamó como un partido de izquierda. ¿Por qué debería convertirse ahora en un partido socialdemócrata y cómo evitar que esto no sea percibido como un oportunismo?
FV. Lo que pasa es que, en América Latina y en Chile, mirar el referente socialdemócrata europeo es desconocer las diferencias de realidades. Incluso en la socialdemocracia europea hay posiciones distintas. En España es muy distinto al PSOE de Felipe González al PSOE de Sánchez. En Gran Bretaña es muy distinto el partido laborista con Jeremy Corbin que era más de izquierda que con Keir Starmes, laborista y primer ministro de Gran Bretaña. En Italia desaparecimos, en Francia desaparecimos.
En consecuencia, traer ese modelo tal cual a Chile es desconocer nuestra realidad. Yo sitúo al PPD como una fuerza de izquierda, en una alianza de centro-izquierda porque tenemos dos izquierdas a nuestra izquierda. ¿Pero qué es lo que define izquierda o centro-izquierda? ¿A quién quiere representar? ¿Qué intereses quiere representar? ¿Los de sectores específicos, de nichos o de la mayoría? Y la mayoría tiene muchos problemas, pero hay uno que es principal: la vida, las condiciones materiales de existencia. Entonces cuando en Chile muchas familias no llegan a fin de mes, en el 80% de los hogares, entonces eso es un gran problema. Ahora, si atender estos temas eso se llama socialdemocracia, bien. El punto fundamental es dónde se sitúa una fuerza como la del PPD. Obviamente que, en alianza con los otros, porque somos minoría. Pero la búsqueda de una identidad tiene que ver con la respuesta anterior. La forma más adecuada para autoidentificarse es estableciendo a quién quieres representar, qué intereses quieres defender. ¿Los de la mayoría o los de la minoría? La derecha es un ejemplo clásico de la defensa de los intereses de la minoría, siempre.
Pregunta. Durante gran parte de su historia política, el PPD ha buscado insistentemente una fusión con el Partido Socialista y el PS nunca ha aceptado discutirlo. Es pertinente preguntarse hoy si el PPD persistirá en este afán y cuáles serían hoy las razones para hacerlo, o más bien dejamos atrás esta idea y caminamos mejor hacia la idea de una integración, federación, fusión, o como se quiera llamar, con radicales, liberales, DC, otros. Tu comentario al respecto
FV. Yo creo que es muy difícil seguir con esa idea de fusiones porque en Chile hoy uno puede identificar tres identidades en la futura oposición. Identidades que van más allá de las divergencias que estamos viendo hoy día. Hay una identidad histórica del Partido Comunista que se expresa en una sola orgánica. Hay otra identidad nueva en el Frente Amplio, que también se expresa en una sola orgánica. La centroizquierda tiene cinco identidades, y cada una de ellas con su propia orgánica más allá de las divisiones además que acompañan a cada orgánica.
Entonces tú tienes un partido liberal que sobrevivió a las exigencias de la ley con tres diputados y un senador y ahí está. No creo que tengan ni la menor disposición a integrarse con otros cualquiera sea el método. Tienes un partido radical literalmente en una situación crítica porque fue muy afectado legalmente. Un partido que nació en 1863 y la posibilidad de reconstituirse depende no de ellos, depende de una votación en la Cámara de Diputados sobre reforma política. La Democracia cristiana, como estamos viendo en estos días, tiene un problema de dirección. Renuncia su presidente, renuncian dos vicepresidentes y van a tener que llamar a elecciones internas. El Partido Socialista, por decirlo de un modo, es el más estructurado a raíz de su historia desde 1933.
El Partido Socialista jamás va a fusionarse o integrarse sencillamente en una federación, en mi opinión, por su historia, por su orgánica, por su mayor presencia en el territorio con respecto a nosotros. Jamás va a fusionarse con nosotros porque es como fusionar a un primo más grande con un primo más chico. Y, en consecuencia y en mi opinión es la realidad la que impone una plataforma común de estas cinco identidades o las que sobrevivan. Plataforma común que tiene que ver con una construcción de identidades propias, programáticamente, pero siempre en coordinación frente a la derecha mayoritaria y con el Frente Amplio y el Partido Comunista.
Pregunta. Vamos al tema de
elecciones internas en el PPD. Este año varios partidos progresistas, incluido
el PPD, deberán definir nuevas directivas. La baja participación de militantes
en las últimas elecciones internas es preocupante y es un fenómeno que cruza a
todas las colectividades. En algunos partidos se
estaría sugiriendo que la conducción política pudiese recaer en parlamentarios,
lo que plantea un potencial conflicto de intereses, dado que tanto los cargos
de dirección partidaria como los de representación popular requieren dedicación
exclusiva conforme a la ley. La experiencia con presidentes parlamentarios de
partidos no ha sido suficientemente eficiente en el PPD. ¿Por qué podría serlo
ahora? Se hace necesario reflexionar sobre la compatibilidad de estos roles y
cómo evitar contradicciones en el ejercicio simultáneo de ambas funciones.
FV. Cuando uno está en la oposición, el parlamento es clave porque ahí se debaten las leyes. En ese parlamento tiene que haber coordinación con las direcciones partidarias en el sentido de que los planteamientos de la institución sean coherentes con la votación en el congreso. Nos ha pasado que determinadas líneas de definición política en el PPD no tienen coherencia con la votación de nuestros parlamentarios. Y eso representa un conflicto. Yo te diría que para el PPD el tema en esta nueva fase en donde vamos a ser oposición, se requiere la mayor coordinación entre la dirección política y las bancadas parlamentarias, diputados y senadores. Con mayor razón cuando uno está en la oposición. Ahora, en el debate público los actores son obviamente los parlamentarios y la dirección nacional de los partidos, y se deben complementar.
Entonces si tú dejas todo en el parlamento, tanto la dirección política como el debate legislativo, dejas muy disminuido la dirección no parlamentaria, por así decirlo. Entonces yo pienso que lo mejor es un presidente no parlamentario, pero con plena coordinación con la bancada y con la integración en la mesa del partido de uno o dos parlamentarios.
Pregunta. De cara al futuro, es crucial considerar qué definiciones y tipos de liderazgos esperan los ciudadanos de los partidos de izquierda y centro izquierda para reestablecer la confianza perdida y el vínculo con la sociedad. En tu concepto, ¿Cuáles serían para el periodo 2026-2030, a lo menos, las condiciones de un nuevo tipo de liderazgo social y político con un sello progresista?
FV. El 11 de marzo próximo tendremos en cuenta dos liderazgos concretos, o sea, más allá de que a uno le guste o no, el liderazgo de la candidata por la cual votamos y que obtuvo más de cinco millones de votos, Jeannette Jara, y el liderazgo del presidente saliente, con cuarenta años, Boric. Ninguno de los dos forma parte del PPD. Entonces el liderazgo competitivo con ellos en el tiempo tiene que ser, en mi opinión, un liderazgo que represente los intereses en sus contenidos y sus propuestas respecto de la abrumadora mayoría de los chilenos. Ese es el liderazgo que puede recabar la confianza de la gente, y particularmente del mundo popular. Nuestra derrota fue en el mundo popular, no fue ni en las clases medias, ni menos, obviamente, en los sectores de clase alta. Entonces, ese liderazgo a construir tiene que ser un liderazgo que dé cuenta de la realidad del país, no de otras cosas, y con los datos concretos. Así veo yo cómo se puede construir hacia el 2030. Vamos a tener, de hecho, en el último domingo de octubre del 28 la primera prueba de fuego con las elecciones regionales y comunales, y de Cores. Ahí hay un gran desafío.
Pregunta. A más de 35 años de democracia, y
desde la creación de la Alianza Democrática en 1983 muchos de los liderazgos iniciales desde 1983
y desde antes,
hoy están en proceso de retiro por cuestiones naturales y hasta biológicas. Se
plantea entonces la interrogante sobre la existencia de nuevas generaciones
dispuestas a asumir el relevo. La experiencia con el Frente Amplio y sus
liderazgos renovados nos ha llevado a una derrota electoral inédita, obligando
al gobierno a recurrir a figuras históricas para culminar su período. Esto abre el debate sobre si la dificultad radica en un problema
generacional o en la experiencia necesaria para liderar partidos y gobiernos. En tu concepto, ¿cuál es el mejor camino hoy?
¿Nuevas generaciones, asumiendo totalmente la dirección política de nuestros
partidos, tengan o no experiencia? ¿Los fundadores y dirigentes históricos al
rescate de los partidos precisamente por su experiencia y trayectoria o una
integración virtuosa entre ambos segmentos?
FV. Evidentemente una integración virtuosa, porque se requiere experiencia y fuerza nueva, por decirlo. Ahora, lo que yo descarto completamente es poner el tema de las edades como una condición sine quanon. Para mí el principal liderazgo de América Latina, de gran parte de la izquierda es Pepe Mujica, y Mujica y el murió a los 90 años con un testimonio plenamente vigente. Y yo prefiero mil veces a un Mujica que a un gerente de 30 años neoliberal o de izquierda “renovada” sin un compromiso de vida. He dicho.
*****

Comentarios
Publicar un comentario